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EL COMUNISMO NO HA MUERTO (y 3). La resurrección después de la caída del muro.

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Hablamos de lo que ocurre después de la caída del muro de Berlín y la Unión Soviética, la madre nutricia de guerrillas y regímenes comunistas del mundo entero.
Nos centramos sobre todo en el mundo Hispanoamericano, con Foro de Sao Paulo.
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HISTORIA MODERNA

El comunismo no ha muerto (2) La “Escuela de Frankfurt”

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La llamada “escuela de Frankfurt” o de la “teoría crítica” nació en Frankfurt del Maine (Alemania) con la fundación en 1923 del Instituto de Investigación Social. En esta corriente de pesamiento se fusionan el marxismo y el psicoanálisis y nace del desencanto ante los resultados de la Revolución Rusa, y nutre de ideas al feminismo, a la revolución sexual de los 60 y al mayo del 68 francés.


ADORNO, Theodor (origen del texto: https://mercaba.org/Rialp/A/adorno.htm)

Filósofo, sociólogo, crítico de literatura y musicólogo alemán. N. en Francfort del Main el 11 sept. 1903 y m. en Suiza el 6 ag. 1969 de un ataque al corazón. Su obra polifacética abarca los campos de la sociología, la filosofía de la cultura y la estética. Se ve obligado al paréntesis forzoso del exilio durante la tiranía nacionalsocialista. Tras la victoria aliada vuelve a Alemania y desempeña las cátedras de Filosofía y Sociología en Francfort; dirige también en la misma ciudad el Inst. de Investigación Social de la Univ. Johan W. Goethe. Como compositor, A. puede considerarse discípulo de Alban Berg, hecho que condiciona sus juicios sobre la evolución y el valor de la música más progresista. Su teoría musical está expuesta en Filosofía de la nueva música (1949), Disonancias (1963), Mahler.
      Su sociología está incardinada en una concepción filosófica previa, pues la filosofía del s. XX, según A., siguiendo a su maestro Horkheimer, debe tener el sentido de una «crítica cultural» que exprese la diferencia o distancia entre el ser social «real» y su «deber ser ideal». Siguiendo esta línea, A. estima que la sociedad masificada se ha enrolado en un proceso desideologizador que valora negativamente, pues concluye en la deshumanización tecnológica. Sus ideas han tenido decisiva influencia en la formación de una generación joven «contestaría» de la sociedad opulenta. En este sentido, A. pertenece a una generación de filósofos críticos entre los que cabe nombrar a Walter Benjamin, Horkheimer, Ernst Bloch y Herbert Marcuse: «No criticamos la cultura de masas porque dé demasiado al hombre o porque le haga la vida demasiado segura, sino porque hace que los hombres reciban demasiado poco y demasiado malo, se adapten a la injusticia y el mundo se cristalice». Su principal obra, La Dialéctica de la Aufkldrung (1947), escrita en colaboración con Max Horkheimer, trata directamente el tema de la «cultura de masas» que A. e define como «industria cultural», pues niega que se trate de una cultura espontáneamente nacida de las masas. Otras obras suyas de filosofía y sociología son: Sociológica I, Sociológica II, Tres estudios sobre Hegel. Filosóficamente es discípulo de la fenomenología de Husserl. Su crítica literaria está expuesta en Prismas y Crítica cultural y sociedad, libros que reúnen ensayos pertenecientes a distintas fechas entre 1937 y 1955. Parte de una concepción dialéctica de la literatura, y su propósito es la crítica de los fundamentos culturales burgueses.    
         
BIBL.: T. W. ADORNO, Sociológica, Madrid 1966; fD, Tres estudios sobre Hegel, Madrid 1969; H. MARCUSE, El hombre unidimensional, Barcelona 1969; G. E. RUSCONI, Teoría crítica de la sociedad, Barcelona 1969.
L. Núñez Ladéveze.


HERBERT MARCUSE
(origen de este texto: https://mercaba.org/Filosofia/Marcuse/herbert_marcuse.htm )

Herbert Marcuse nació en Berlín, en 1898, en el seno de una familia judía de buena posición económica. De muy joven se sintió atraído por la política. Adhería a las posiciones de izquierda. Pero el fracaso de la revolución espartaquista y la ejecución de Rosa Luxemburg (1919) lo alejaron de Berlín y de la política.
Estudió Filosofía en las universidades de Berlín y Friburgo. En esta última conoció a Husserl y a Heidegger. Éste último dirigió su tesis, con la que se doctoró en 1922. Permaneció en Friburgo hasta 1933, año en el que ingresó en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt (más conocido como Escuela de Frankfurt). Ese mismo año los nazis llegaron al poder y clausuraron el Instituto. Marcuse, junto a otros miembros de la Escuela, se trasladó a Estados Unidos. Allí se estableció llegando incluso a adoptar la nacionalidad americana, en 1940, y a trabajar para el gobierno federal. Ejerció la docencia en distintas universidades: Columbia, Harvard, Boston y San Diego. Su pensamiento fue una de las fuentes de inspiración de la revuelta estudiantil de 1968, conocida como “mayo francés”. Murió en Alemania en 1979. 
Además de la filosofía de Hegel, Marx, Dilthey, Husserl y Heidegger, tuvo una importante presencia en la formación de su pensamiento el psicoanálisis de Sigmund Freud. En Eros y civilización (1955) retoma la teoría freudiana según la cual la civilización se apoya sobre la represión permanente de los instintos humanos, reemplazando la satisfacción inmediata de los mismos por una satisfacción diferida. “El metódico sacrificio de la libido, su desviación inexorablemente impuesta, hacia actividades y expresiones útiles desde el punto de vista social, son la cultura” dice Marcuse, sintetizando la visión freudiana. Al dejar el “principio de placer” y asumir el “principio de realidad”, “el ser humano, que era poco más que una maraña de tendencias animales, se convirtió en un yo organizado”.
Una civilización no represiva es una quimera para Freud. El principio del placer y el de realidad son antagonistas irreconciliables. Marcuse no coincide con el fundador del psicoanálisis en este punto. Desde una visión de la historia inspirada en el materialismo-histórico de Marx, considera que esta oposición no es metafísica, que no se origina en la naturaleza humana, sino que es producto de una organización social histórica determinada.
El progreso tecnológico ha creado las condiciones para una liberación respecto de la obligación del trabajo,  para una ampliación del tiempo libre. Marcuse considera que ello permitirá la liberación de las potencialidades reprimidas que, “así liberadas, crearán nuevas formas de realización y de descubrimiento del mundo, que a su vez otorgarán una nueva forma al reino de la necesidad, a la lucha por la existencia. Así se dan las condiciones para el surgimiento de una sociedad no represiva en la que se viva la felicidad del Eros liberado, la lógica de la satisfacción y no ya la de la represión”
¿Qué impide el arribo a esta nueva sociedad? El poder que, con el fin de perpetuarse, alimenta un estado de necesidad que ya no es tal. Así, por ejemplo, transforma lo que podría haber sido una liberación sexual (una evolución hacia una sexualidad polimorfa que Marcuse propugna y entiende como propia de una sociedad no represiva) en un consumismo sexual, en una sexualidad tomada como objeto de consumo, integrada al sistema. La pretendida “liberación de las costumbres” que permite y propugna el capitalismo no es una verdadera “liberación” sino una estrategia para impedirla.
En El marxismo soviético (1958) critica duramente la evolución de la revolución Rusa y su tendencia a la burocratización. Critica también que se haya hecho del marxismo un dogma y que el Estado haya quedado en manos de una casta de burócratas investidos de un poder totalitario. De este modo, el marxismo se ha convertido allí en instrumento al servicio de una sociedad represiva, burocrática y totalitaria.
En El hombre unidimensional (1964), su obra más famosa, presenta a la sociedad capitalista “avanzada” como una sociedad en la que el hombre ha perdido su sentido crítico. El consumismo y la “liberación de las costumbres” lo han transforman en un ser cada vez más adaptado e integrado al sistema. Ya no hay espacio para la oposición y la crítica, la sociedad unidimensional “integra en sí toda auténtica oposición y absorbe en su seno cualquier alternativa”. En ella se da “una confortable, tersa, razonable, democrática no libertad”. El capitalismo avanzado ejerce su dominio, su control total, de un modo sutil, manipulando los deseos y las necesidades de las personas. “No sólo determina las ocupaciones, las habilidades y las actitudes socialmente requeridas, sino también las necesidades y las aspiraciones individuales”
La filosofía de esta sociedad unidimensinal es el positivismo, que sirve de base a la racionalidad tecnológica y a la lógica del dominio. Y esta filosofía no tiene rival porque se ha anulado el espacio de la crítica.
Contra las previsiones de Marx, hasta el propio proletariado ha perdido su impronta revolucionaria, seducido por el confort y el consumismo. Por ello Marcuse busca otros sujetos revolucionarios, y los encuentra en los extranjeros, los explotados, los desocupados, las minorías, los marginados y los excluidos del sistema. Su sola presencia muestra la necesidad de poner fin a condiciones e instituciones intolerables. De todos modos Marcuse no aclara cómo sería un proceso revolucionario protagonizado por estos actores. Prefiere que su pensamiento permanezcan en la negatividad, en la crítica, unido a “aquellos que, sin esperanza, dieron y dan la vida por el Gran Rechazo”.